La fuerza de la inercia

El caso es que sigues convencido. Convencido de que al fin y al cabo es una equivocación seguir aquí anclado entre gentes que cada día te parecen más extrañas a la causa, inconsecuentes a la larga en lo que será poco a poco tu vida. Siempre y cuando sepas llevarla a ese puerto que hasta ahora te elude.

Sin embargo todo apunta a que equivocándose uno puede a la larga acertar. Siempre y cuando el objetivo final no se pierda en la descarga emocional del momento terrorífico en el que te encuentras sin fuerzas para seguir adelante.

A veces hace falta esta entereza, se hace necesario sacarla de donde no existe, chupársela directamente de la sangre a los amigos que te rodean. Ellos lo ven claro, la equivocación habría sido lo contrario. Hubiese sido peor no empezar el nuevo trabajo. Hubiese sido peor desmontar el chiringuito y volver a casa. Lo ven tan claro que incluso te produce pánico el pensar lo cerca que te encontraste de errar de manera tan obvia a sus ojos.

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