El remedio o la enfermedad

¿Qué es peor? Ahora mismo no sabría decirlo.

La situación es así: un día llegas al trabajo y te dicen que tu rol ha sido eliminado. En dos semanas serás despedido, a no ser que encuentres otro grupo interesado en tus servicios dentro de la empresa.

Como te veías venir algo por el estilo, tienes un grupo en mente que incluso ya te había hecho una oferta. Ahora el problema es hacerla efectiva. Han pasado 3 semanas y las cosas son algo extrañas en las corporaciones cuando de tiempos de despido hablamos.

Y resulta que mientras te dan la noticia del inminente despido y te mueves para ver qué será de tu futuro profesional, tú vas y desarrollas una cierta ambivalencia a la perspectiva de seguir donde estabas. Resulta que has cruzado un umbral que dentro de su dificultad en cruzar ha resultado liberador en algunos aspectos. Te ha sacado de una espiral muy positiva pero al mismo tiempo imperceptiblemente viciosa, ambiciosa también.

La decisión que se te planteaba era interesante. Dado que esa principal razón motivadora de tu estancia lejos de la familia desaparecía o al menos se interrumpía (el trabajo que durante tanto tiempo te ha ocupado-preocupado-maravillado), ¿por qué no plantearse nuevos horizontes?

Y estabas decidido. En marcha, desde el que puede ser momento decisivo de tus próximos años. Pues bien, ahora cabe la posibilidad de no cambiar nada. De dejar las cosas donde estaban. Y eso no tiene nada de malo. Solo que hacerle al corazón dar estas piruetas no es de lo más aconsejable. El corazón (menos que la cabeza) tiene inercia en sus movimientos, y cambia de trayectoria solo con el tiempo y la buena conducción paciente.

Porque el nudo en la garganta que has sentido cuando jugabas tu posiblemente último partidillo en Stanford, cuando caminabas por última vez por los lugares turísticos de San Francisco, cuando cenabas por penúltima vez con tus buenos amigos en Max’s, ese nudo te ha enseñado mucho. Te ha enseñado que también aquí dejarías un buen pellizco de tu vida.

Un pellizco que a lo mejor no hace falta arrancar todavía. ¿Cuándo hacerlo?

Lo que esta claro es que todo lo que se ha emprendido ahora se ha de perseguir. Se ha de buscar un buen final a estas conversaciones, sobre todo aquellas que te llevarían de vuelta a España.

Y eso sí que se va a hacer … Pase lo que pase en los próximos 7 días, las conversaciones se concretarán. Porque merece la pena hacerlo así, aunque solo sea para llegar a conocerte un poquito mejor y ver tu reacción ante las nuevas puertas abiertas.

Lo que está claro es que como no todo está en tu mano, dejemos que el destino nos de cartas. Ya jugaremos con las que nos vengan de la baraja. Siempre nos ha sido amable (el destino), no hay razón para sospechar que no fuese así una vez más …

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